Mama fears

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Iba a preparar un nuevo Monthly Updated de #missOlivia ya que el último fue en febrero (click!), y de pronto me ha surgido la necesidad de hablaros de otro tema también relacionado con la maternidad. No sé si será porque Olivia lleva unas semanas un poco “intensas” enfadándose más de lo normal y con rabietas varias, o que el tiempo corre demasiado rápido y antes de que me de cuenta estaremos iniciando la cuenta atrás… El caso es que últimamente me surgen muchos miedos e inseguridades en lo que a ser madre se refiere. Por un lado, tengo miedo de estar siendo demasiado exigente con Olivia en ciertas cosas y demasiado transigente en otras, porque cuando tiene determinados caprichos o rabietas, a veces no sé cómo actuar. Dudo cuando algo tiene de verdad importancia y cuando son cosas del momento que seguramente no supongan nada a futuro; si imponer reglas y hacer porque siempre se cumplan o no pasa nada si a veces soy más blanda y le doy un poco de “cuartelillo”.

Supongo que me aterra el pensar que estoy malcriándola o todo lo contrario, no dejándola que ella experimente el mundo como es, porque si algo he tenido siempre claro es que quiero que mis hijos crezcan con la libertad que yo crecí. Eso es lo que más me gusta de la educación que me dieron mis padres y de todas las oportunidades que me brindaron, y es que nunca tomaron una decisión por mi. Siempre me dejaron probar mis ideas aún a sabiendas que no iban salir como yo esperaba; nunca me impusieron qué estudiar o cómo organizarme con los deberes y los exámenes; nunca me amenazaron con castigarme sin salir X meses si suspendía y siempre me sentí independiente. Me sentía responsable de mis actos y decisiones, y sabía que tenía que hacerlo todo muy bien para que las cosas salieran tal y como yo quería, porque no podría echarle la culpa a nadie. Al igual que no se negaron cuando con 15 años decidí que quería empezar a trabajar para ir ganándome mi dinero para mis caprichos y tampoco se opusieron cuando con 17 años alquilé junto con 4 amigos un apartamento en Sierra Nevada para poder subir a hacer snowboard todos los fines de semana —estuve ahorrando mucho tiempo para conseguir todo el dinero. Sé que hicieron todo esto porque confiaban en mi, al igual que lo hicieron cuando me quedaba un año para acabar la licenciatura en Psicología y les dije que quería bajar el ritmo porque quería apostar por el blog y no podía mantener el alto ritmo en ambas cosas. Obviamente siempre tuve gestos que les hicieron ver que podían confiar en mi pero supongo que igualmente les daba miedo, y espero ser capaz de hacer lo mismo, porque reconozco que siendo más pequeña he tomado decisiones que no sé cómo habría encajado yo en la postura contraria como madre…

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A veces me siento como la peor madre del mundo, sobre todo esas veces que me enfado tanto con ella y luego la miro y digo “Ayy…!”, pero hay otras que siento que juega con nosotros como quiere y me da miedo criar a una niña caprichosa que el día de mañana exija que todo sea a su antojo. Me gustaría que me diesen un manual de cómo hacerlo y así justificar mis decisiones o fracasos, no sentir que es 100% mi responsabilidad porque a menudo me pesa el saber que gran parte de su yo futuro se está forjando en el hoy de ahora y que nosotros somos los responsables. Al mismo tiempo, no me gustaría que nadie juzgase lo que hago porque nadie mejor que nosotros sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos, porque no hay dos niños iguales, pero me siento perdida… No sé, ¿soy la única que se siente así?

 Además, quiero hablaros de algo que en cierta medida “me atormenta” o mejor dicho “nos atormenta” desde hace algunos meses y que se reduce básicamente a —parodiando al famoso libro— qué esperar cuando esperas a uno y ya tienes otro. Supongo que ahora que sólo sé lo que es tener una hija y dedicarle toda mi atención, me cuesta pensar en cuando sean dos y si podré llevarlo todo para adelante. Porque si de algo me he dado cuenta es que este segundo embarazo no lo estoy viviendo con la misma emoción que viví el de #missOlivia. Al ser el primero, todo era una novedad, todo hacía ilusión y marcaba un hito en el camino. No podíamos parar de imaginarnos cómo sería la vida cuando ella llegase, lo que haríamos y dejaríamos de hacer, cómo serían nuestros días… Y con este segundo no pienso nada de ésto, tan sólo cuánto nos va a alterar la pequeña rutina que ahora tenemos establecida y si será demasiado complicado retomarla. Obviamente nos hace mucha ilusión ampliar la familia y que además se vayan a llevar tan poco tiempo entre ellos −es algo que siempre teníamos en duda−, pero estamos tan volcados en Olivia y en este camino tan desconocido al que nos enfrentamos cada día, que no me queda tiempo para pensar en el que viene en camino… Y claro, también tengo miedo en cómo se va a tomar ella esto de tener otro hermano, alguien con quien compartir su atención y dejar de ser el centro de todo. Tengo miedo no sólo a los celos que ella pueda tener −que pienso que son inevitables− si no a si sabré gestionar bien el tiempo para dedicarle a cada uno el tiempo que merecen. Y más que preocuparme por el bebé, pienso más en ella, en que no quiero que se sienta que se queda en segundo lugar y me duele pensar que en algún momento sienta que no estamos ahí como ella esperaba o que echa de menos aquella vida en la que sólo éramos tres…

Cuando te quedas embarazada de tu segundo hijo, automáticamente piensas que no hay por qué preocuparse, porque estás al tanto de todo y conoces la situación y circunstancias. Actúas como si fueras una super-woman que puede con todo, que está forjada en la adversidad, rabietas y cambios de pañales entre lágrimas. Las semanas ahora vuelan, cuando la anterior vez parecían que se detenían en cada segundo y la barriga aparece casi tan pronto como cuando te enteras de la nueva buena. Todo parece que anda tranquilo hasta que te llevas el palo y te vuelves consciente de la que se avecina; que tu creías que ya te lo sabías todo y estaba todo hecho, pero me encuentro casi al mismo filo del abismo que cuando me quedé embaraza la primera vez. “¿Qué se me viene encima?”

Me encantaría que me habláseis sobre vuestra experiencia y si me recomendáis algún libro concreto que leer porque me quiero ir preparando, sobre todo cómo gestionar el tema celos que creo que es lo que más me agobia ahora, junto con pensar que este bebé sea tan poco dormilón como #missOlivia y entonces, no sé qué será de mi ;) Sé que luego las situaciones son distintas en cada caso y cada familia, cada uno tiene sus normas y rutinas y si me he aprendido algo en este tiempo es que no existe ninguna ley o regla universal por la que los niños se rijan. Bueno, hay una que sí, y es ese anexo de la Ley de Murphy que dice que no importa la edad o el sexo del niñ@ porque las peores rabietas, las más salvajes, con más llantos y más gritos siempre se van a dar en la calle, en los momentos más inesperados y en los lugares más abarrotados!  #TrueStory

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